
El asco es una sensación, producida por un sabor repelente a nuestro gusto. Pero también puede ser un sentimiento.
Como sentimiento puede asociarse a cualquier figura, incluso humanas.Y en este punto quiero detenerme. En el asco que provocan algunas actitudes humanas. Son muchas, pero sobre todo una, a la cual voy a referirme: la traición.
Cualquiera sabe lo que es la traición, y puede hablar de ella; pero no cualquiera puede decir que es lo que se siente frente al hecho consumado.
Se sabe que el que traiciona, para que esta sea verdaderamente una TRAICION, con mayúsculas, deberá ser alguien muy cercano (cuanto más mejor).
Es justamente la cercanía del sujeto traidor, lo que hace que la víctima no se prevenga al respecto. Y la traición cae sobre nuestra conciencia, con todo su peso devastador.
Bronca, tristeza, desazón, ira, impotencia... asco.
Cuando la traición conlleva un acto de injusticia, el asco aumenta, y provoca que el traidor, pase a ser un sujeto ajeno al mundo que nos rodea. Se transforma en una foto añeja, en un recuerdo sepia, que provoca un poco de dolor y extrañeza al mismo tiempo.
Quizás el tiempo restaura esa relación rota, quebrada. Pero será una nueva relación, con otras expectativas, y seguramente con más laxos sentimientos.
Quizás el tiempo restaura esa relación rota, quebrada. Pero será una nueva relación, con otras expectativas, y seguramente con más laxos sentimientos.
Indeseables, aquellos que muerden la mano de quien les da de comer. Aquellos que olvidan, que miran la paja en el ojo ajeno.
Indeseables todos los traidores del mundo, reptiles repugnantes, que se arrastran detrás de una nueva traición, que indefectiblemente se consumará, antes o después.